Comercio justo



El comercio justo es una iniciativa que emplean algunas empresas que consiste en producir de forma justa, es decir, cuando los métodos de producción respetan el medio ambiente, a los trabajadores y a los consumidores.

El comercio justo a diferencia de las actuales multinacionales tiene una serie de principios generales:
  • Rechazar la explotación.
  • Tratar por igual a hombres y mujeres.
  • Respetar los derechos humanos.
  • Conceder salarios que permitan una vida digna.
  • Cuidar del medio ambiente. 
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En España, en 2018 las ventas de comercio justo aumentaron en un 53% y las empresas de comercio justo facturaron unos 77.8 millones de euros. Además, en nuestro país podemos contribuir muy fácilmente ya que existen más de 600 empresas de comercio justo que nos ofrecen gran variedad de productos: comida, productos de herbolario, textil...

Aún así, esta iniciativa tiene efectos tanto positivos como negativos que conviene conocer ambos antes de apresurarse a contribuir.


 
 
EFECTOS POSITIVOS
 
 
EFECTOS NEGATIVOS
 
Igualdad de derechos entre trabajadores del primer mundo y los trabajadores del tercer mundo: actualmente, los trabajadores del tercer mundo, a diferencia de los del primer mundo, no tienen salarios dignos ni condiciones laborales dignas. Podemos acabar con esta injusta situación comprando solo en lugares de comercio justo dónde los trabajadores tendrán unas condiciones laborales dignas.
 
 
Desempleo tanto en el primer mundo como en el tercero: si todos comenzamos a comprar en lugares de comercio justo, el resto de empresas comenzarían a tener pérdidas de modo que acabarían cerrando, dejando así a personas sin trabajo tanto en el tercer mundo: quienes confeccionan por ejemplo, ropa, como a dependientes que atienden clientes en el primer mundo.
 
Ayuda al desarrollo económico y al medio ambiente: el comercio justo es un comercio que ofrece a sus empleados unas condiciones dignas de trabajo y cuyos métodos de producción respetan el medio ambiente.
Por lo tanto, con el comercio justo, en el tercer mundo ganarían un sueldo suficiente como para poder alimentarse, tener una casa, mantener a su familia, poder medicarse y tener un mínimo nivel de vida, aspecto que, actualmente, no se da, acarreando así un desarrollo económico en países pobres.
Y además la contaminación disminuiría y los recursos naturales que sabemos que son limitados, se respetarían y los escalofriantes datos medioambientales actuales mejorarían.
 
 
Proceso lento y difícil: si el comercio justo conlleva que en el tercer mundo hallan unas circunstancias laborales iguales que las que hay en el primer mundo y un desarrollo en la economía de países pobres, esas personas necesitaran una formación para poder trabajar en nuevos sectores como por ejemplo los bancos, para saber cómo administrar su dinero o incluso para crear su propia empresa.
Además, los gobiernos de estos países deberán crear nuevas leyes que controlen esa nueva situación económica y social, para proteger a sus ciudadanos.
 
Cualquiera puede contribuir: a día de hoy existen numerosas tiendas de comercio justo que podemos encontrar sin esfuerzo. En el año 2018 en España, las tiendas de comercio justo facturaron unos 77.8 millones de euros.
 
Encarece los productos: las empresas deberán subir los precios por dos motivos: para poder hacer frente a las pérdidas que les supondrá que la gente compre solo en tiendas de comercio justo y porque si deciden seguir el modelo que la gente en ese caso querría, es decir, el del comercio justo, deberán afrontar los costes que supone pagar dignamente a sus trabajadores.
 

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